Al ver las filas afuera de Extranjería, en la PDI, de los inmigrantes venezolanos, haitianos, colombianos, peruanos y bolivianos que aún no pueden regularizar sus papeles, pienso en lo poco que les importa a los gobernantes actuales, y lo poco que les importó a los anteriores regularizar a estas personas. La fila la presencié un día frio, pero soleado, con más de 500 personas adultos, niños y ancianos.
Seguro al leer esto estarán de acuerdo con este basureo y maltrato, que no es muy distinto al que soportamos en las filas de consultorios, hospitales, cárceles y otros lugares los chilenos y esos mismos inmigrantes; el punto es que lo desigual en la atención y la disposición a solucionar sus papeles y problemas para trabajar y legalizarse en Chile a lo ofrecido por su voto y, más aún, lo diligente y eficiente para recaudar sus impuestos y cotizaciones. Entonces el punto es ¿Cómo la misma burocracia y la misma eficiencia conviven y afectan al mismo individuo sin ser cuestionado por la conciencia y la honestidad intelectual de nadie en este país?.
De hecho, creo que es normal que después de una dictadura de izquierda (en el caso venezolano y boliviano) o que después de un desmadre ligado al colonialismo indolente (en el caso haitiano) o que después de un desangramiento por narcoterrorismo de izquierda y derecha (en el caso colombiano) la gente de esos países busque refugio en un gobierno de apariencia fuerte y defensor de la democracia así que sin juzgar por quién pudieran votar tampoco les pediría que votaran distinto; así como tampoco sería normal que quienes vivimos el miedo y la opresión de un gobierno militar votáramos por quienes los tienen por ejemplo o por buenos.