Los diputados de el Frente Amplio y ex- concertacionistas una vez más han dado muestras de su falta de inteligencia, porque como es posible que se hayan farreado tiempo hermoso en tratar de juzgar a la jueza Vivanco, cuando ella ya estaba siendo sacada de la Corte Suprema por sus pares. Llegó a tal nivel la imbecilidad que votaron eliminarla , vía acusación constitucional, cuando la Corte Suprema ya la había condenado. Aquí deriva el segundo encabezado del título, Ego, demasiado en cada uno de esos irreflexivos diputados, quienes prefirieron aparecer en la foto con las manos ensangrentadas al lado de la cabeza de Vivanco ( es una figura literaria). Además de perder el envión cuesta abajo que tenía a la oposición, le dieron una salida honrosa a todo ese contubernio decadente de Hermosilla y amigos, es más, esta aprobación de acusación les dio la imagen de castigadores de la corrupción, además de cobrarle la cuenta a un bicho incómodo para la derecha, como lo es el juez Muñoz.
El exceso de figuración los hizo partícipes de este linchamiento público, con el cadáver de Muñoz a cuestas (otra figura literaria), además de empujar a un irreflexivo presidente a entrar en una disputa con el Congreso, porque aunque sus acciones no puedan gustarle a su gobierno, es otro poder del estado con su propia orgánica y su independencia el que ejerció su derecho a juzgar a unos malos funcionarios de otro poder del estado, lo que no ha sido un impedimento para que nuestro presidente, adalid de la generación Twitter, se arrogue el derecho de opinar y juzgarlo todo. Esa intromisión en otro poder del estado, es un paso peligrosísimo para los cimientos de una democracia bastante magullada por el estallido social, los inmigrantes ilegales, la pandemia y sobre todo por una oposición que quedó tan dolida con su derrota presidencial que no les deja tomar la iniciativa para conducir un gobierno.
Por esa razón molesta tanto esa mezcla de estupidez y ego, no hay un solo líder que sea capaz de detener la vorágine moralizadora para impedir que » los roedores de Hamelin caigan al rio»; el dueño de la flauta no está en el gobierno y menos entre sus parlamentarios, por lo que, si no son capaces de marcar su propio ritmo , al menos no deberían bailar el ritmo del flautista.
Un liderazgo no significa que hay que ser el primero que sale a marcar un punto de prensa o quién lanza la primera piedra, es tan evidente la levedad en su razonamiento y accionar que sería bueno para nuestra democracia que detuvieran, o al menos ralentizaran, por un tiempo prolongado sus juicios y opiniones. La vida seguirá igual , y cuando digan lo que piensan será algo inteligente y reposado, o al menos algo no visceral, con toda la carga emocional y de odio que la genera.