Lo difícil que fué para los partidarios y personas con sensibilidad de izquierda, aceptar y usar las vacunas contra el Covid. A pesar de que erradicar la enfermedad iba a ser anotado como un acierto de un gobierno de la derecha.
Fué un gran dilema, pero fué una demostración de la capacidad de dejar de lado los deseos y gustos personales y de ponerse al servicio de un interés superior.
No conozco ningún ejemplo de este tipo de generosidad por parte de la gente de derecha, políticos profesionales y/o partidarios.
Escuchar el lenguaje descalificador, violento y lleno de opiniones tendenciosas, por no decir sediciosas incluso, es un ejercicio democrático preocupante. Flaco favor se le hace a la democracia cuando se usa su libertad para proclamar, incluso mentir respecto a un gobierno encabezado por quién no les era de su agrado.
El que no te guste el resultado de las urnas no te autoriza para tratar de destruir la institucionalidad. Incluso cuando veo que se quejan del mal uso de prerrogativas presidenciales, como los indultos, pienso que cuando diseñan constituciones o leyes jamás proyectan que pueden caer en manos inmaduras o mal intencionadas. Un gran aprendizaje de la alternancia del poder, es pensar mejor que herramientas se les entregan a quienes nos gobiernan, eso de confiar de que quienes lleguen a la Moneda van a tener siempre el mismo tino o prudencia en el uso de esas prerrogativas, es muy inocente.
Ya de vuelta al tema primitivo de este artículo quiero dejar registrado y escrito que la gente de derecha son egoistas.

Por malgusto

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