Este artículo es exclusivo para los matones de barrio que se envalentonan y le pegan al curado de la cantina. Kast entró en este selecto grupo de cobardes, me da la impresión de que Kaiser se salva de este «mote»; con Kast me quedó claro después de recibir la llamada de Boric, felicitándolo por su triunfo electoral, se convirtió en un «gatito» que se dejó acariciar por las lisonjas y parabienes, por el mismo personaje al que acusó de ser ineficiente, de ser cómplice de estafa al Estado y de ser cómplice de violación de mujeres.

El carácter se define por una forma de ver la vida, por filosofía o por tus valores éticos, cuando estas características escasean la forma de actuar se convierte en voluble y cambiante; de esas personas esperar una sola línea de trabajo o de forma de pensar, no es muy inteligente, de hecho responden más bien a impulsos estéticos o de buen gusto que a un pensamiento desarrollado por una reflexión profunda. Sintomático en nuestros políticos cuyas pulsiones los mueven de una rama del árbol a otra, movidos por resortes invisibles que los convierten en seres indescifrables. Eso recorre transversalmente de Boric a Kast.

Lo de la cobardía de José Antonio, viene del hecho de que afirmaba con tanta vehemencia lo corruptor del gobernante nuestro, que parecía que se lo iba a comer en cuanto se lo encontrara o en cuanto hablara con él, cosa que no ocurrió; ahora alguien podría reprochar que Boric no tuvo los cojones de hacer lo mismo, pero a diferencia de José Antonio, Boric no va por la vida de matón, juzgando (antes de cualquier pronunciamiento de la justicia) a las personas y menos aun usando un lenguaje incendiario y agresivo para referirse a sus opositores, lenguaje que es promotor de odio, que puede incluso inducir o estimular ataques físicos contra las personas citadas o mentadas en las acusaciones emitidas.

La derecha tiene pésima memoria cuando le conviene; el acuerdo por escribir una nueva Constitución descomprimió el estallido social, logrando que la mayoría de la población que protestaba se fuera tranquilamente a su casa quedando en las calles solo los más encolerizados y violentos, lo que facilitó bastante la labor de carabineros de controlar el orden público, este acuerdo fue firmado y promovido por Boric, incluso a costa de sufrir incomprensiones y agresiones por este acuerdo.

Punto aparte para explicar la diferencia entre las denuncias de colusión que Jara profirió versus la táctica del empate con que Kast contraatacó al Presidente y su gobierno y a la misma candidata Jara; uno porque lo que Jara dijo era cosa juzgada y probada en nuestros canales democráticos, en cambio lo que denuncia Kast hasta ahora son solo investigaciones en curso sin que ninguno de los citados por él haya sido juzgado y recibido una pena o sanción, cosa que si ocurrió con la colusión (que pésimo defensor del Libre Mercado será Quiroz).

La insolencia de José Antonio con la figura presidencial produjo un tremendo contraste con la mansedumbre con que recibió la felicitación de Boric por teléfono. Lo surrealista de esto es que, lo más probable, José Antonio pida que se le respete su investidura presidencial cuando ejerza el cargo, pero como él se atrevió a hacerlo por un truco electoral o por desdén por la cuna innoble de Boric, siente que para él todo está permitido, otro mal antecedente de su escasez ética.

En el fondo hoy Chile ha vuelto a ser, lo que siempre debió ser para los partidarios de Kast, Kaiser y Matthei. Un país que debe ser gobernado por sus elegidos o excepcionales, no por advenedizos de cuna dudosa o que no hayan sido de su casta. El clasismo afloró, ya en el momento de celebrar el triunfo, ¿fue premonitorio que se haya celebrado cerca de los suyos en Vitacura? ¿lejos de quienes le dieron el voto?, a lo mejor es otro acto de cobardía e inseguridad no pasar de cierta cota hacia abajo. Definitivamente siguen pensando que el resto ¿somos lúmpen, representantes de baja estofa, irritables e inestables?, pero manipulables y aspiracionales, por lo tanto fácilmente conquistables con la promesa de poder aspirar a ser parte de su mundo, de los excepcionales, de su casta. No creo que su triunfo sea por esta razón, esto es, por un arribismo. Pienso que es por miedo a una sociedad que cada día se torna más violenta, porque no encuentra respuesta a las injusticias grandes y pequeñas, o también por un aburrimiento de ver errores repetidos de la izquierda, timidez al apoyar la función de las fuerzas de seguridad, gente que rodea al Presidente, incluso él mismo. siendo imprudentes e irrelevantes en sus cargos.

Lo de «matón de cantina», además se ajusta muy bien en la actitud y lenguaje corporal en su relación con países venidos a menos y en relación a países considerados superiores o con quienes tenemos intercambio comercial. Ahora que Donald Trump a juzgado a países como «narcoestados» ha sido más fácil para Kast y partidarios, criticarlos e incluso justificar vejámenes y violación de sus derechos que tienen como país, así como los derechos de sus naturales nacidos allá. ¿Tendrá la misma prestancia Kast para defender los derechos de los ciudadanos chinos o rusos?. María Corina Machado clama por respeto para sus compatriotas que han tenido que salir de su país a forjarse una suerte esquiva dentro de Venezuela, y por acá Kast y sus partidarios los tratan como escorias, la inocente Corina Machado suplica que a sus compatriotas los respeten, además lo hace Maduro (el mismo que no tiene ningún interés en recibir de vuelta a sus compatriotas, ahora confronta y amenaza a nuestro matón, el mundo al revés). Nuestro matón se ríe y mofa del grandote bananero que habla pésimo inglés, pero ¿sería igual de seguro y despectivo en su trato hacia Maduro? si Xi Jingpin exigiera respeto por este personaje y además enviara portaviones a defender el petróleo de Venezuela, que hoy por hoy debe estar entregado en un gran porcentaje a China y Rusia como parte de pago a los sucesivos préstamos que ambos países han otorgado a Venezuela. Entonces, ¿se reiría de Maduro? o ¿lo trataría igual si se encontraran cara a cara en un cónclave de presidentes?, habría que ver ese escenario.

Es fácil darle cuerda a Donald Trump para que invada Venezuela o para que siga bombardeando cualquier nave surcando las aguas del Caribe, eliminando pruebas y sospechosos sin ningún tipo de respeto por la presunción de inocencia, rigurosidad de las pruebas para detener y juzgar a los sospechosos, pero dudo que María Corina esté de acuerdo con esta forma de administrar justicia (de hecho para salir en bote o barco desde Venezuela al lugar donde subió al avión hacia Oslo, tuvo que avisar y ponerse de acuerdo con las autoridades de Estados Unidos para que a ella no le dejaran caer una bomba sobre su cabeza); aun no le hace ruido a mucha gente que Trump ejecute a gente de esa manera, eso será así hasta que mueran algunos inocentes turistas o navegantes irreprochables, en los que se pueda probar su error, porque hasta ahora dudo que haya quedado algún resto humano identificable, y alguien se haya aventurado a ir por los restos para probar inocencia de quienes han sido ejecutados. De hecho, el título de «Narcodictador», forma retórica usada y creada muy convenientemente, en este caso lo que caricaturiza más abominable a Maduro, lo que facilita también un mayor odio por este personaje y facilita que se le ataque públicamente sin contrapeso, una bomba sobre su cabeza sería tan aplaudido en Chile, como cuando en una población aparece un muerto, por aparentes ajustes de cuentas o quitadas de droga.

Jara también se comportó como una cobarde cuando respondió la pregunta respecto a María Corina Machado, como si fuera una aparecida de última hora o una actriz de reparto en la política venezolana, ese menosprecio muy propio de quienes se creen superiores a otro; ¿cómo podrías menospreciar a quién fue capaz de organizar una sociedad para demostrar actas en manos, un fraude electoral de un gobierno corrupto y criminal?; fea caída la de Jara, resentida y «chaquetera». Por otro lado, lo de Kast fue oportunista al aplaudir a María Corina, pero tampoco su lenguaje trasunta un respeto por los venezolanos y esta tremenda mujer, a quienes satanizó convenientemente durante la campaña presidencial hasta lograr el cometido de que fueran odiados. Incluso los mismos venezolanos que podían votar en Chile lo hicieron por él, porque el miedo al comunismo es más fuerte (sobre todo después de la experiencia venezolana con Chávez-Maduro) y está claro que entre ellos también existe una distinción subterránea que implica que algunos sientan que hablan de otros venezolanos cuando se les nombra, esos son los códigos propios de un país que quien no nació allá nunca entenderá y eso también es su maldición; y ojo, no debemos seguir a ojos cerrados su «tino» o descriterio para elegir sus líderes, ya sabemos de primera fuente en que termina eso.

Todo es relativo y subjetivo, nadie es perfecto.

 

Por malgusto

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