Cuando invade la rabia o desazón por las opiniones que personas publican en Twitter o X , que después la desdicen o contradicen o peor aún las obligan a dar explicaciones, cualquier persona no resiste la tentación de opinar , con la misma liviandad que la «Generación Twitter», que deberían prohibirlo o censurarlo de antemano . Intentar frenar vía leyes, es cometer la misma imprudencia de quienes escriben sus juicios o veredictos por twitter, o sea, la levedad y liviandad del juicio rápido que se sustenta en los valores , o la falta de ellos, más arraigada de nuestra formación personal.

De hecho parece una hermosa oportunidad para ir desentrañando los  resortes que mueven a estas diferentes personalidades que nos ofrecen una vitrina a su mente. Visto así, no parece buena idea censurar o amordazar a quienes sienten ese deseo de inmortalizar sus pensamientos. Si no , más bien una herramienta utilísima a la hora de conocer nuestros personajes públicos, y también una tremenda fuente de información de nuestros empleados y mandos de media  y alta dirección pública.

¿ Por qué no la usamos para eso?, ¿ producirá una estampida desde X este uso?,  ¿ será la saturación el método de impedir que la Generación Twitter siga escribiendo?

Porque así como existen twitteros que escriben en base a ideas bien razonadas y pensadas de antemano, también los hay que escriben con el corazón, desde lo más intuitivo; entonces ¿ porque renunciar a esa exhibición de lo más íntimo de cada «twittero»?.

La misma lógica debería aplicarse, cuando sale al debate cada cierto tiempo el intento de censura, a la música urbana. Enfadarse con el mensajero es la primera reacción de nuestras democracias, mucha rabia , mucho aspaviento. Pero, ¿ Como querer destruir a quién me está contando lo que ocurre en las poblaciones?, donde no llegan mis espías , mis oídos; ¿ debería, por otra parte, ensalzar esa figura pública?, parece obvio que no, pero es quién me está relatando lo que ocurre en el terreno real, ese espía involuntario nos tira en la cara cuanto falla nuestra democracia en defender al ciudadano de las garras del narcotráfico. ¿ Nos servirá el relato de un artista para graficar la realidad?, puede estar exagerado o sobredimensionado o asumiendo que fuera una representación fiel de lo que está pasando, ¿ como los mismos narcotraficantes no lo silencian? o, por otra parte debemos agradecer que el ego siempre insaciable de reconocimiento, de los mismos «narcos» les deja hacer, acceder a lugares inalcanzables para las policías; porque si hay algo que es característico de estos personajes grises engendrados en la pobreza y marginalidad, es ese saber íntimo de su nadería e insignificancia, Ellos no lo saben, pero ese es el resorte que mueve los hilos de la vida y obra, una fuerza engendrada en el resentimiento que corre por dos vertientes:  la vertiente primaria sería la que viene de el ser pobre y no tener acceso a las formas legales de salir de esta, como sería el estudio y/o la meritocracia y la otra vertiente es el resentimiento generado al entender que la única forma de salir de la pobreza es traficar y/o abrazar la delincuencia donde su precio es su vida y la de su familia; por lo que tampoco son capaces de ver en otros ese valor intrínseco de cada persona; esa certeza de su propia infra valoración, es lo que los impulsa a arroparse con prendas, a colgarse joyas y comprar bienes de lujo o suntuosos, e incluso tatuarse marcas de prestigio dentro de su mundo limitado de conocimiento, para darle algo de valor agregado a su desvalorizada vida.

¿ Habrá alguno que se haya tatuado el nombre o la cara de algún filósofo o el creador de la Penicilina ?

Lo dudo, a menos que sea una tendencia de la moda entre los narcos, sus retratistas y sus empleados.

Por malgusto

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