Cada día que pasa entiendo menos lo que ocurre en los bancos con la gente de edad, aunque reconozco que desconozco si es política o protocolo de Atención al Cliente o si es un rollo de los cajeros, el punto es que no entiendo porque o para que nos hemos puesto de acuerdo en usar la Cédula de Identidad como documento oficial para los trámites bancarios, si al llegar al mesón de atención no solo debe ser presentado, sino que además se debe someter a lectura la huella digital. Y aquí es donde se pierde mi entendimiento, ya que si este último método de identificación o autentificación falla, la persona es sometida a una batería de consultas como si la cédula no sirviera para demostrar la identidad; más impacta ver que a quienes la huella dactilar no funciona o ya se les ha borrado, son personas de edad avanzada a quienes esta clase de interrogatorio les molesta. no solo por el temor a no poder responder bien, sino que además por la exposición de su intimidad o privacidad en público. A eso agréguele la sensación de vulnerabilidad con la que se debe lidiar día a día, además de las destrezas, habilidades y hábitos nuevos que deben adquirir o desarrollar nuestros adultos mayores para no ser víctimas de la delincuencia. Entonces, parece que en lugar de convertir su vida en un paso relajado y amable, el ciudadano corriente acumula y acumula frustraciones, miedos, inseguridades que le agregan desasosiego. Si aparte de ese incumplimiento tácito de toda sociedad occidental, acuerdo que se interpreta como el pago impuestos a un señor feudal o al Estado, quien en cambio nos brinda seguridad y justicia, para que me proteja o mejore los caminos, puertos, aeropuertos, hospitales y este servicio se recibe de mala forma o de manera incompleta nos hace pésimo como sociedad, nos hace sentir abandonados y/o vulnerables. Entonces a un adulto mayor, con toda la carga propia de cargar con los años, enfermedades, los bajos ingresos de sus jubilaciones, su vulnerabilidad ante delincuentes más crueles y despiadados que otrora, trámites virtuales de un mundo que ellos ni siquiera soñaron y que hoy les son agregados cada día en mayor proporción, sin preguntarles si quieren la opción presencial o virtual, sin marchas blancas o híbridas entre un mundo y otro, con cambios de un momento a otro. Por ahorrar en contratar personas amables que los atiendan, dejándolos a la suerte del mundo de la inteligencia artificial, el mundo público y el privado se han convertido en un mundo frio e indolente, distante de sus deseos y temores.
¿Como un cajero de banco los somete a un acto tan discriminatorio?, acaso los entrenan para desconfiar de el único instrumento legal y socialmente aceptado para demostrar ser quién eres, solo para darse el gusto de molestar a quienes ya deberían estar relajados y bien tratados. Más respeto por la edad, y por un documento que tiene, según los expertos, 30 medidas de seguridad, las que no sirven de nada si quienes hacen el peritaje de certificar que somos los legítimos portadores de este.
¿Se imaginan?, si quienes reciben nuestros pasaportes lo ponen en duda o lo impugnan, después de haber viajado miles o cientos de kilómetros, sería desagradable y molesto, y si a ese acto de desconfianza con un documento oficial del Estado de Chile, le agregas un interrogatorio en un idioma que no es tu idioma nativo tenemos un evento muy parecido al que se enfrentan nuestros adultos mayores.
Entonces, ¿cuál es el acuerdo? el «carnet» o Cédula de Identidad ¿Sirve o no para identificarnos como chilenos?